Recomendaciones

  • Evite hacer movimientos rápidos y exagerados. No cambie bruscamente de posición.
  • Reduzca su ingesta total de sodio a menos de 2.000 miligramos diarios. Consumir mucho sodio puede alterar el funcionamiento del oído interno.
  • Evite el alcohol, la cafeína, la nicotina y todos los alimentos fritos.
  • Para controlar los vahídos, siéntese en un asiento con los pies apoyados en el suelo y mire un objeto fijo durante unos cuantos minutos.
  • Si empieza a sentir vahídos al poco tiempo de comenzar a tomar un nuevo medicamento, es posible que el problema se relaciona con el medicamento. Hable con su médico o con u farmacéutico acerca del problema.
  • Si experimenta vértigo de manera recurrente, consulte con el médico. Podría ser síntoma de alguna enfermedad que requiere tratamiento.

Descripción

El vértigo es una sensación de desvanecimiento, debilidad, mareo y aturdimiento que se debe a una alteración del sentido del equilibrio. La palabra vértigo procede del latín verteré, que significa “dar vueltas”. Esta sensación se debe casi siempre a problemas del oído interno. La persona que sufre de vértigo siente que se está hundiendo o que se está cayendo. Así mismo, siente que la habitación y los objetos dan vueltas y, en algunos casos, también siente que ella da vueltas. El vértigo va acompañado con frecuencia de nauseas y de perdida del oído.

El vértigo se presenta cuando el sistema nervioso central recibe mensajes contradictorios del oído interno, los ojos, los músculos y los receptores cutáneos sobre la sensación de presión. Esto puede tener varias causas, entre ellas un  tumor cerebral, presión arterial alta o baja, alergias, lesión en la cabeza y abastecimiento insuficiente o interrumpido de oxigeno al cerebro, etc.

Otras causas de vértigo son anemia, infección viral, fiebre, uso de algunos medicamentos, deficiencias nutricionales, enfermedad neurológica, estrés sicológico, cambios de presión atmosférica, bloqueo del canal auditivo o de la trompa de Eustaquio, infección del oído medio o exceso de cerumen en el oído. La mala circulación cerebral también puede provocar vahídos y problemas de equilibrio.

La causa de la mala circulación cerebral puede ser el estrechamiento de los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro (arteriosclerosis), la compresión de uno o más vasos sanguíneos del cuello (osteoartritis cervical) y una enfermedad como diabetes o anemia.

Las personas de edad avanzada son más propensas a experimentar vértigo debido a los efectos del envejecimiento en el organismo. El cuerpo mantiene el sentido del equilibrio gracias a un mecanismo complejo en el que intervienen tanto los oídos internos como la información visual.

El canal del oído interno posee unas estructuras llamadas atolitos, que son minúsculos cristales de carbonato de calcio que presionan contra las células filiares que recubren las membranas internas. La fuerza de la gravedad actúa sobre los otolitos y los hace cambiar de posición en respuesta a los movimientos de la cabeza. Esto hace que se doblen los filamentos de las células filiares, lo que, a su vez, da lugar a la transmisión de señales hacia el cerebro. El cerebro utiliza, entonces, esas señales para calcular la posición de la cabeza.

A medida que envejecemos, partículas pequeñísimas de desechos se acumulan en el oído interno y presionan contra las células filiares, lo que hace que el cerebro reciba señales falsas. Esto puede afectar al sentido del equilibrio y producir vértigo. Además, la transmisión de los impulsos nerviosos desde los ojos hasta el cerebro y la médula espinal se vuelve más lenta con la edad. Esto puede provocar vahídos y pérdida del equilibrio al hacer cualquier movimiento brusco.

Vahído no es sinónimo de vértigo. Todo el mundo experimenta de vez en cuando aturdimiento, desvanecimiento o inestabilidad. Las personas cuya presión arterial es baja pueden experimentar estas sensaciones al levantarse rápidamente después de estar acostadas o sentadas. En algunos casos, los vahídos son una señal de advertencia de que hay peligro de ataque cardiaco, apoplejía, conmoción cerebral o daño cerebral.