Recomendaciones

  • Haga una dieta que conste de vegetales, frutas, nueces, semillas, frijoles y legumbres. Los granos enteros y los productos a base de granos enteros son recomendables, excepto los que contienen gluten, que solo se deben consumir con moderación. Consuma pavo y pescado de carne blanca dos veces a la semana.
  • Elimine de su dieta el azúcar y los derivados del azúcar (lea cuidadosamente las etiquetas de los productos). También debe evitar el alcohol, los productos lácteos, la cafeína, las bebidas carbonatadas y todos los alimentos que tengan colorantes, saborizantes, preservativos y otro tipo de aditivos.
  • Tenga en cuenta que las alergias a los alimentos pueden agravar los altibajos anímicos. Haga una dieta de eliminación para detectar que alimentos podrían estar causando el problema y luego elimínelos de su dieta.
  • Tome dosis altas de vitaminas del complejo B, aproximadamente 100 miligramos de cada una tres veces al día. Las vitaminas del complejo B son muy importantes para combatir todos los trastornos afectivos. Para mejor absorción, se deben administrar en inyección (con supervisión médica) o en forma sublingual.
  • Las personas que sufren del trastorno maniaco-depresivo no absorben fácilmente las vitaminas del complejo B y por esta razón suelen presentar deficiencia de estas vitaminas.
  • Evite la colina y los aminoácidos ornitina y arginina. Estas sustancias pueden empeorar los síntomas.

Descripción

El trastorno maniaco-depresivo, conocido por la comunidad médica como trastorno afectivo bipolar, es una variante de la depresión clásica. Empieza de manera característica como de presión; sin embargo, a medida que el trastorno evoluciona el individuo presenta alternativamente periodos de depresión y de manía. La persona que sufre de trastorno maniaco-depresivo severo puede pasar de una gran excitación emocional y de sentirse irreal (y peligrosamente) invencible, a sentirse agobiada por la desesperación y abrigar, incluso, intenciones suicidas.

Entre los síntomas del trastorno maniaco-depresivo están cambio en los patrones de sueño, aislamiento social, pesimismo extremo, perdida súbita de interés en proyectos que fueron emprendidos con entusiasmo, irritabilidad crónica, arranque de ira ante cualquier desafío, pérdida de la inhibición y cambios en el comportamiento sexual que pueden ir desde la pérdida total del impulso sexual hasta los excesos en este campo. Se calcula que el 3 por ciento de la población occidental, sufre algún trastorno maniaco-depresivo.

La evolución del trastorno maniaco-depresivo es sumamente variable. La manía y la depresión se presentan con diversos grados de severidad, y la duración de los ciclos (el paso de la depresión a la manía, y de esta nuevamente a la depresión) puede ser de pocos días o de muchos meses. Incluso puede ser de varios años. La fase depresiva se caracteriza por sentimientos de desesperanza y de baja autoestima. La persona deprimida carece de motivación para hacer cosas. Incluso para levantarse de la cama. Algunas llegan a dormir durante semanas enteras, evitan las actividades y las relaciones sociales y quedan incapacitadas para trabajar. Otras al parecer siguen llevando vidas normales –van a su trabajo e interactúan con las demás personas- pero en su interior experimentan sentimientos de profunda tristeza y no logran sentir verdadero placer.

Los periodos maniacos suelen iniciarse súbitamente y sin advertencia alguna. Algunas personas experimentan hipomania, un estado de euforia que los demás no toman como síntomas de enfermedad mental, sino como gran entusiasmo y energía.

Otras personas experimentan psicosis maniaca florida, es decir, episodios durante los cuales la persona exhibe una energía desbordante y una actividad ilimitada, aunque se distrae con facilidad. Durante esos episodios de exacerbación de los síntomas usualmente la persona no descansa ni duerme durante veinticuatro horas, o más. La actividad mental se acelera intensamente y no son infrecuentes los delirios de grandeza, de persecución o de invencibilidad. Mientras que la mayoría de las personas muestran una gran excitación emocional en ausencia de una razón clara, otras se vuelven irritables y hostiles sin razón aparente. Incluso pueden experimentar alucinaciones. A pesar de todo esto, la persona que vive un episodio de exacerbación maniaca suele creer que está funcionando con un máximo de eficiencia.

La causa de este trastorno no se comprende del todo, pero hay varias teorías acerca de su origen. Según una teoría, niveles sumamente altos de estrés podría precipitarlo. La herencia parece desempeñar un papel importante en algunos casos. Algunos investigadores piensan que experiencias tempranas, como la perdida de uno de los padres u otros traumas de la infancia, influyen de modo importante. Otros opinan que la fase maniaca es un mecanismo psicológico inconsciente para compensar la depresión en la que, de otra manera, se sumiría el individuo. También es posible que intervengan factores biológicos. Existe evidencia de que la concentración intracelular de sodio aumenta durante los cambios anímicos que son característicos del trastorno maniaco-depresivo, y de que se normaliza cuando el individuo se recupera. También se sabe que en el organismo de las personas deprimidas se agotan los químicos cerebrales llamados monoaminas.