Al contrario de lo que la gente cree, las grasas o LÍPIDOS, son componentes esenciales para el organismo. Si bien la obesidad es el acúmulo de grasa en diversas partes del cuerpo que sólo implican un problema estético, no es menos cierto que la grasa en las “tuberías” o vasos sanguíneos, o rodeando organos vitales como el corazón, pueden conducir a enfermedades muy graves.

Los depósitos de grasa extra en el cuerpo son producto de un metabolismo anómalo. Los hidratos mal metabolizados se convierten en depósitos de grasa. La falta de ejercicio impide una buena circulación y da como resultado una acumulación o depósito de grasa.

Es decir, no necesariamente el comer alimentos que contengan grasa (como la carne, el pescado o la leche) produce obesidad. Sí puede hacerlo si se hace en cantidades superiores a las que nuestro organismo pueda asimilar.

Es cierto que comer 1 gramo de hidratos o proteínas aporta 4 calorías, y un 1 gramo de grasa aporta el doble. Pero lo que está muy claro es que comer grasa es esencial y mucho más en el embarazo, porque el feto necesita energía, sobre todo en el último tramo, en los últimos meses.

Se desconoce cuál es la tasa de grasa recomendada en el embarazo; pero, por otra parte, sí se sabe que los ácidos grasos son necesarios, ya que condicionan la estructura y funcionamiento de las membranas cerebrales del niño.

Algunos ácidos grasos son sintetizados por el sistema nervioso central, aunque no en medida suficiente para el feto, por lo que el organismo ha de recurrir a fuentes alimentarias.

Una carencia de ácidos grasos esenciales como el linoleico y el linolénico, puede perjudicar el funcionamiento celular. También, los ácidos grasos, participan en el transporte interno de algunas vitaminas como la A, D y E.