RECOMENDACIONES

Si cree que ha perdido peso y especialmente, si ha sido de manera involuntaria. Consulte con médico para determinar si la causa es alguna enfermedad.

Preocúpese si un niño pequeño repentinamente deja de ganar peso, como es normal para su edad.

Haga una dieta diaria que incluya por lo menos 300 gramos de carbohidratos complejos, 100 gramos de proteína y entre 2.500 y 3.000 calorías. Incluya en su dieta vegetales ricos en almidón, como patata y judías, además de pavo, pollo, pescado, huevo, aguacate, aceite de oliva, nueces y semillas. Consuma solamente pan, pasta, y cereales calientes y fríos de grano entero. Para los niños es provechoso el plátano triturado.

Consuma sopas preparadas con leche de soja y no con leche de vaca. La leche de soja se utiliza igual que la leche de vaca. Las sopas a base de leche tiene más proteínas y calorías que los caldos y se deben consumir en la medida en que la persona las tolere.

Tome te de hierbas, jugos de frutas y vegetales y agua mineral.

Haga comidas pequeñas pero frecuentes (incluido picoteo), y coma despacio. Si usted sufre de malnutrición podría perder el apetito si se encuentra con un gran plato de comida. Siempre es posible repetir si se queda con hambre.

No consuma alimentos fritos para obtener calorías adicionales. En cambio, consuma los siguientes ricos en calorías entre comidas o antes de acostarse: plátano; sándwiches de pavo, pollo o atún con queso; nueces crudas, yogur, batidos de yogur de frutas,  nueces y aguacate.

Elimine de su dieta el café, el té y todo lo que contenga cafeína (por ejemplo, las bebidas gaseosas).

En lo posible, haga ejercicio con regularidad pero con moderación. Caminar es una excelente opción. El ejercicio moderado ayuda a asimilar los nutrientes y aumenta el apetito. Evite el ejercicio demasiado vigoroso.

Coma en un ambiente de tranquilidad. No trate de comer cuando esté preocupado o nervioso.

Si usted fuma, deje ya ese hábito.

Hágase exámenes para detectar alergias alimentarias. Evite todos los alimentos a los cuales crea que es alérgico.

Si los demás opinan que está muy delgado/a, pero usted insiste en que le gustaría perder mas peso, busque ayuda profesional porque podría tratarse de un trastorno de la alimentación.

Descripción

Algunas personas son más delgadas que el promedio durante toda su vida y, no obstante, gozan de perfecta salud. Sin embargo, en algunas personas la falta de peso se relaciona con problemas de salud. Esto sucede, especialmente, cuando se ha perdido peso de manera involuntaria y súbita.

Entre las causas de la pérdida involuntaria de peso están:

 malabsorción,
• parásitos intestinales,
 algunos tipos de cáncer,
• enfermedades del colon (como enfermedad de Crohn),
• colitis ulcerosa,
• diverticulosis, o
 enfermedades crónicas como diabetes,
 diarrea crónica o
 hipertiroidismo.
 La cirugía, el estrés o el trauma que producen acontecimientos como la muerte de un ser querido también contribuye a la perdida súbita de peso.

La pérdida de peso también puede deberse a la quimioterapia y a la radioterapia para el cáncer, entre cuyos efectos secundarios están náuseas, vómito e inapetencia. Una persona que evidentemente está baja de peso, pero que insiste en que está gorda, posiblemente sufre de un trastorno de la alimentación.

Los pacientes de SIDA suelen sufrir del llamado síndrome de perdida de peso. Este síndrome hace que, a medida que la enfermedad avanza, esas personas se vean cada vez mas demacradas.

La falta de peso produce deficiencias nutricionales que deterioran aun más la salud y complican la recuperación. La mala nutrición afecta especialmente a dos grupos de edad: las perdonas muy jóvenes y las personas muy mayores. La malnutrición en la infancia, especialmente en los primeros años de vida, puede producir efectos permanentes porque afecta al crecimiento y al desarrollo normales.

Los niños tienen menos reservas nutricionales en su organismo de las cuales echar mano cuando la ingesta o la absorción de los nutrientes son inadecuadas.

En el extremo opuesto está la gente de edad avanzada, que pierde el interés en la comida a medida que envejece, una condición que se agrava cuando los recursos económicos son reducidos, pues la persona tiende a omitir comidas. En consecuencia, la gente de edad avanzada tiene un riesgo muy alto de sufrir malnutrición.

Las sugerencias que brindamos en esta sección van dirigidas a la gente que necesita rehabilitación nutricional. Sin embargo, también pueden beneficiar a quienes tienen requerimientos nutricionales más altos de lo normal, como las personas que tienen hepatitis, las que están en tratamiento para el cáncer, las que se están recuperando de quemaduras o de traumas, y las mujeres que están embarazadas o lactando.