RECOMENDACIONES

Aumente el consumo de cebolla y ajo. Estos alimentos contienen azufre, que ayuda a eliminar el cobre del organismo.

Consuma frecuentemente piña fresca (no enlatada). La piña contiene bromelanina, una enzima que mantiene la inflamación y el edema bajo control.

Haga analizar el nivel del cobre del agua que usted bebe. Consulte en su Ayuntamiento o con la agencia estatal del medio ambiente para que le recomienden algún laboratorio que este en condiciones de realizar este tipo de análisis. Si el contenido de cobre el agua de su hogar sobrepasa una parte por millón, reemplácela por agua embotellada de buena calidad o haga revisar las tuberías de su casa. Si la conclusión es que todo el cobre –o la mayor parte proviene de las tuberías- vale la pena hacerlas cambiar por otras que no contengan cobre.

Si usted toma suplementos de multivitaminas y/o minerales, asegúrese de que no contengan cobre.

Elimine de su dieta los alimentos ricos en cobre. Entre ellos están;

Brócoli,

Chocolate,

Cereales enriquecidos,

Melaza,

Nueces,

Vísceras,

Mariscos,

Aguacate,

Judías y otras legumbres,

Yema de huevo,

Soja

No cocine con olla ni utensilios de cobre.

Descripción

La enfermedad de Wilson es un problema de salud hereditario, autosómica recesiva y poco común que afecta aproximadamente a una de cada treinta mil personas en el mundo entero. Como el organismo de las personas que tienen esta enfermedad no metaboliza adecuadamente el cobre, un microelemento, el exceso se acumula en el cerebro, los riñones, el hígado y la cornea de los ojos.

Esto deteriora los órganos y produce otras complicaciones, como problemas neurológicos y comportamiento sicótico.

Cuando no se trata, la enfermedad de Wilson conduce a daño cerebral, cirrosis del hígado, hepatitis y, por ultimo, la muerte. Sin embargo, detectar la enfermedad e sus primeras etapas y empezar a tratarla oportunamente minimiza los síntomas y las complicaciones e, incluso, en algunos casos previene su ocurrencia.

Entre los síntomas de la enfermedad de Wilson están:

• vómito de sangre,

• dificultad para hablar, tragar y/o caminar,

•  babeo,

 aumento del tamaño del bazo i esplenomegalia

 ictericia,

• inapetencia,

 pérdida de la coordinación,

 fatiga y/o debilidad progresiva, deterioro intelectual progresivo,

• deterioro psicológico manifestando en cambios de personalidad o en conductas extrañas,

 rigidez, espasmos o temblores musculares,

• edema y/o acumulación de líquido en el abdomen, y

 perdida inexplicable de peso.

En algunos casos, el primer signo de la enfermedad es el desarrollo de un anillo pigmentado en el borde externo de la córnea, conocido como anillo de Kayser-Fleischer, que se suele detectar durante un examen visual de rutina. En las etapas avanzadas de la enfermedad pueden aparecer síntomas causados por la hepatitis crónica o por la cirrosis; así mismo, pueden cesar los ciclos menstruales y el paciente puede experimentar dolor en el pecho, palpitación cardiaca, aturdimiento, palidez y sensación de ahogo al hacer cualquier esfuerzo.

Aunque las personas que sufren de la enfermedad de Wilson nacen con ella, los síntomas raras veces se manifiestan antes de los seis años de edad. Lo más común es que los síntomas aparezcan durante la adolescencia o, incluso, más tarde.

Sin embargo, a fin de prevenir las complicaciones, es necesario tratar la enfermedad haya o no síntomas. El diagnóstico se basa en estudios de la historia médica del paciente y su familia, en exámenes de sangre para determinar el nivel de la ceruloplasmina (una proteína sanguínea que transporta cobre) y comprobar si hay anemia, y en un examen de orina que muestra si el nivel del cobre en la orina está alto. Para confirmar el diagnóstico conviene hacerse una biopsia de hígado que evalúe la cantidad de cobre del tejido hepático.