Recomendaciones

  • Consuma más espárragos, brócoli, coles de Bruselas, repollo o berza, coliflor, espinacas, batata y nabo. Coma muchas  nueces, semillas y arroz integral sin descascarillar. Cereales y verduras amarillas y anaranjados, como zanahorias, calabaza y batata. Otros alimentos beneficiosos son manzana, fresas, nueces de Brasil, melón cantaloupe, uvas, legumbres (incluyendo garbanzo, lenteja y judía rojo) y ciruela.
  • Comer cebolla y ajo, o tome ajo en suplemento.
  • Como medida preventiva contra el cáncer de pulmón, tome todos los días jugo fresco de zanahoria. Toma también jugo fresco de remolacha (preparado con las raíces y las hojas) y jugo de espárragos. Todos los zumos de color oscuro son provechosos. El de manzana es beneficioso cuando es fresco. Tome zumos de fruta en la mañana y zumos de vegetales en la tarde.
  • Cocine ligeramente todos los brotes, excepto los de alfalfa, que se deben comer crudos.
  • No consuma comida rápida, alimentos refinados o procesados, grasas saturadas, sal, azúcar ni harina blanca. Reemplace la sal por algún sustituto de algas o de potasio. Si no puede prescindir del dulce, utilice una pequeña cantidad de melaza o de sirope o miel pura como edulcorante natural. Reemplace la harina blanca por centeno.
  • Elimine de su dieta el alcohol, el café y todos los tés, excepto los de hierbas.
  • No consuma ninguna proteína de origen animal, excepto pescado a la parrilla (máximo tres porciones a la semana). Nunca consuma perritos calientes, ni carnes ahumadas o curadas. Limite su consumo de productos lácteos a una pequeña cantidad de yogur bajo en grasa o kéfir, y solo de vez en cuando.
  • No consuma maní. Reduzca su consumo de productos de soja, pero no los elimine por completo de su dieta pues contienen inhibidores enzimáticos.
  • Tenga en cuenta que el deseo irresistible de fumar suele durar únicamente entre tres y cinco minutos. Saber esto es una gran ayuda para abstenerse de fumar. Además, recuerde que a medida que pasan los días se vuelve más fácil dejar el hábito. Cuando sienta un antojo incontrolable de fumar salga a caminar, haga un poco de ejercicio o dedíquese a algo que distraiga momentáneamente su atención.
  • Para agilizar la eliminación de toxinas, hágase todos los días un enema de café. Hágase dos o tres veces a la semana enemas de limpieza con limón y agua, o con ajo y agua.
  • Tome solamente agua destilada al vapor o agua de manantial.
  • En lo posible evite el estrés.
  • Si está tomando algún medicamento, hable con su médico para que el decida si debe modificar la dosis cuando deje de fumar. El tabaco afecta a la absorción y la utilización de muchos medicamentos, entre ellas insulina, drogas para el asma, algunos antidepresivos, medicamentos para la presión arterial y analgésicos.

Descripción

El tabaco se ha utilizado durante siglos para modificar el estado de ánimo y se ha ingerido de varias maneras, entre ellas masticado, aspirado por la nariz y fumado. En la actualidad, el tabaco se consume especialmente fumando cigarrillo.

El humo del tabaco contiene miles de componentes químicos. Se cree que de todos esos componentes la nicotina es responsable de muchos (si no de la mayoría) de los efectos adversos de fumar, así como también de su extraordinaria capacidad de producir adicción. La nicotina es un estimulante del sistema nervioso central; al ingerirla aumenta la producción de adrenalina y se elevan la presión arterial y la frecuencia cardiaca. La nicotina también alter ala tasa metabólica general, la temperatura corporal, el grado de tensión muscular y los niveles de algunas hormonas. Esos cambios, y otros más, le producen al fumador una sensación placentera que a menudo –y paradójicamente- percibe como relajación.

Esa sensación placentera es uno de los factores que hacen del tabaco una sustancia tan adictiva. Otro factor es que la tolerancia a los efectos de la nicotina se desarrolla bastante rápido. Esto significa que para lograr el efecto deseado casi de inmediato se requieren dosis más altas, lo que impulsa al individuo a fumar más, lo que a su vez aumenta la probabilidad de que desarrolle una adicción. Cuando la persona se vuelve adicta, su organismo empieza a depender de la presencia de la nicotina. Si la persona se abstiene de fumar, se presentan síntomas de abstención. Entre ellos están irritabilidad, frustración, ira, ansiedad, dificultad para concentrarse, desasosiego, aumento del apetito, dolor de cabeza, cólicos estomacales, disminución de la frecuencia cardiaca, aumento de la presión arterial y, mas que todo, un deseo irresistible de fumar.

Cuando se ha adquirido el hábito de fumar, es muy difícil dejarlo. Algunos expertos en la materia afirman que la adicción al tabaco es más difícil de superar que la adicción a la heroína o a la cocaína. Esto obedece a que fumar crea dependencia física y sicológica. Es más fácil superar la adición física que la dependencia sicológica. A pesar de los desagradables que son, los síntomas físicos de la abstención no suelen durar más de unas cuantas semanas. En cambio, el deseo intenso e irresistible de fumar –que puede durar bastante tiempo- es más de origen psicológico, y dominarlo requiere un esfuerzo continuo. La adicción a la nicotina se relaciona estrechamente con diversas actividades que producen placer. Llega un momento en que la persona ya no puede tomar café en la mañana, leer el diario, trabajar ni interactuar con otras personas, entre otras actividades, sin tener un cigarrillo en la mano. Como si esta fuera poco, fumar en una excusa para descansar unos minutos, especialmente en épocas de estrés, y ayuda a restarles tensión a las situaciones difíciles. Además, muchos fumadores sienten temor de lo que les podría pasar si dejaran de fumar; les temen a los síntomas de abstención, a aumentar de peso o a perder capacidad de concentración. Todos esos factores se combinan para que dejar de fumar sea una meta difícil.

Aunque es difícil dejar de fumar, mucha gente lo logra todos los días. Ciertamente, no faltan razones para dejar el cigarrillo. El cigarrillo contribuye aproximadamente al 17 por ciento de todas las muertes que se producen en Estados Unidos cada año; es decir, este hábito se relaciona con la muerte de trescientas cincuenta mil a cuatrocientas mil personas cada año. Este número es más alto que el de muertes relacionadas con alcohol, drogas ilícitas, accidentes de tránsito, suicidio y homicidio combinadas. Se calcula que fumar es la causa de la tercera parte de todas las muertes por cáncer, de la cuarta parte de los ataques cardiacos fatales y del 85 por ciento de las muertes por enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Fumar es la causa de, por lo menos, el 85 por ciento de los casos de cáncer de pulmón. Muchos otros problemas de salud se han asociado con el hábito de fumar, entre ellos angina de pecho, arteriosclerosis, cataratas, bronquitis crónica, cáncer colorrectal, diarrea, enfisema, acidez estomacal, presión arterial alta, impotencia, úlcera péptica, afecciones respiratorias, incontinencia urinaria, trastornos circulatorios y cáncer de la boca y la garganta, especialmente entre los fumadores de cigarrillo que también consumen alcohol y/o utilizan enjuagues bucales que contienen  alcohol. Fumar aumenta el riesgo de atrapar resfriados y hace que la recuperación sea más lenta. El humo del tabaco paraliza los cilios (pestañas vibrátiles que recubren el interior de la nariz y la garganta), lo que reduce su capacidad de movilizar las secreciones hacia el exterior y, por tanto de expulsar los virus del resfriado que han quedado atrapados allí.

Desde hace mucho tiempo se sabe que la nicotina es una toxina mortal. Introducir directamente en el torrente sanguíneo una gota de nicotina líquida del tamaño de la cabeza de un alfiler tendrá un efecto fatal. Las dosis de nicotina que suelen administrarse los fumadores hacen que el corazón se acelere y trabaje más, lo que aumenta la posibilidad de enfermedad cardiaca. Además, estrecha los vasos sanguíneos periféricos, lo que redunda en endurecimiento de las arterias y contribuye a enfermedades circulatorias, como el fenómeno de Raynaud. Pero la nicotina no es el único ingrediente del cigarrillo que representa un peligro para la salud. En total, se ha identificado más de cuatro mil sustancias químicas en el humo del cigarrillo, y se sabe que por lo menos cuarenta y tres de ellas producen cáncer en los seres humanos. El humo del cigarrillo contiene monóxido de carbono, benceno, cianuro, amoniaco, nitrosamina, vinyl chloride, partículas radiactivas y otros conocidos irritantes y carcinógenos. El monóxido de carbono se une a la hemoglobina e interfiere el transporte del oxígeno en el organismo. El monóxido de carbono también promueve la formación de depósitos de colesterol en las paredes arteriales. Estos dos factores aumentan el riesgo de ataque cardiaco y de accidente cardiovascular. El cianuro de hidrógeno causa bronquitis porque inflama el recubrimiento de los bronquios. A largo plazo, fumar disminuye de manera impresionante el flujo sanguíneo hacia el cerebro. Los hombres que han fumado durante años tienen más probabilidad de presentar presión arterial anormalmente baja en el pene, lo que contribuye a la impotencia. La razón es. Probablemente, que fumar daña los vasos sanguíneos, entre ellos los pequeños vasos que irrigan el pene. Fumar también contribuye a la esterilidad; al esperma de los fumadores se le dificulta mas que al de los no fumadores penetrar el óvulo y, por tanto, fertilizarlo.

Las mujeres fumadores tienen a presentar la menopausia a más temprana edad que las no fumadoras; además, tienen un riesgo mas alto de sufrir de osteoporosis después de la menopausia y de desarrollar cáncer cervical o uterino. Así mismo, esas mujeres son menos fértiles y sus embarazos son más complicados. Entre las mujeres fumadoras se presentan más casos de aborto espontáneo, muerte fetal y parto prematuro. Sus bebes suelen ser más pequeños y menos saludables que los de las mujeres que no fuman. En comparación con los bebes de madres no fumadoras, los de madres que fumaron durante el embarazo y después del parto tienen tres veces más probabilidades de morir de SIDS (sudden infant death síndrome, o síndrome de muerte infantil súbita).

Los niños cuyo padre fuma también presentan más problemas de salud. Estudios han revelado que estos niños tienen un riesgo más alto de lo normal de desarrollar cáncer de cerebro o leucemia.

Fumar produce efectos perjudiciales en la nutrición. Los fumadores descomponen la vitamina C aproximadamente el doble de rápido que los no fumadores. Esto priva al organismo de la cantidad adecuada de uno de los antioxidantes más poderosos que están a nuestra disposición. Fumar también puede agotar las existencias de otras vitaminas antioxidantes. El humo del cigarrillo tiene altas concentraciones de nitrógeno dióxido ozone, un compuesto que oxida las vitaminas antioxidantes y que es conocido por su capacidad para hacerle daño al DNA. Todo esto acelera el proceso de envejecimiento.

Por último, fumar se ha convertido en un problema social. A las personas que no fuman les preocupa cada vez más el efecto del humo ajeno en su propia salud. Hay abundante evidencia de que el humo que respira el fumador pasivo puede ser incluso más dañino que incluso que respira el mismo fumador. Hoy en día está prohibido fumar en muchas oficinas y edificios públicos.

A pesar de que actualmente se conoce muy bien el peligro que entraña fumar, mucha gente sigue haciéndolo. ¿Por qué?. Muchas personas empezaron a fumar, antes de que el público en general se enterara de los riesgos que conlleva; otras empiezan a fumar en la adolescencia, época en la cual el individuo se siente invulnerable y es más propenso a involucrarse en actividades de riesgo (especialmente sí cree que es una actividad “adulta”, sí le sirve para ser aceptado en un grupo social particular y/o sí con esa conducta desafía a sus padres).Sin embargo, las encuestas muestran invariablemente que no importa cuando o por que razón la persona empezó a fumar, la mayoría de los fumadores no lo hacen porque quieren sino porque son adictos al cigarrillo (mas del 50 por ciento de las personas encuestadas dijeron que quisieran no haber empezado nunca a fumar).

La buena noticia es que esta adicción se puede superar y que los beneficios para la salud empiezan a experimentarse casi de inmediato. Solo veinticuatro horas después del último cigarrillo, la presión arterial y el pulso vuelve a la normalidad, al igual que los niveles de oxigeno y monóxido de carbono de la sangre. Una semana mas tarde empieza a descender el riesgo de sufrir un ataque cardiaco, los sentidos del olfato y el gusto mejoran y la respiración se vuelve más fácil.

Mientras trabaja por abandonar el hábito de fumar, trate de seguir las sugerencia nutricionales y dietéticas que le brindamos a continuación; su propósito es ayudarle a corregir las deficiencias y los daños producidos por el cigarrillo. También se recomiendan para quienes no pueden evitar ser fumadores pasivos.