Recomendaciones

  • Consumir más alimentos ricos en azufre, como espárragos, huevos, ajo y cebolla. El azufre es necesario para la reparación y reconstrucción de huesos, cartílagos y tejido conectivo, y favorece la absorción del calcio. Otros alimentos provechosos son vegetales de hoja de color verde, pues aportan vitamina K; vegetales frescos, frutas frescas no ácidas, granos enteros,  y pescado.
  • Consuma alimentos que contengan el aminoácido histidina. Entre esos alimentos están arroz y trigo. La histidina es conveniente para eliminar del organismo el exceso de metales. Muchos pacientes de artritis tienen altos niveles de cobre y hierro en el organismo.
  • Coma frecuentemente piña fresca. La bromelaína, una enzima de la piña, es excelente para reducir la inflamación. Para que sea eficaz, la piña debe ser fresca, pues los procesos de congelación y enlatado destruyen las enzimas.
  • Consuma todos los días alguna clase de fibra,
  • Reduzca la grasa de su dieta. No consuma leche ni productos lácteos; así mismo, evite la carne roja. Evite también la cafeína, las frutas cítricas, la páprika, la sal, el tabaco y todo lo que contenga azúcar.
  • Evite los vegetales solanáceos (pimientos verdes, berenjena, tomate, patata blanca). Estos alimentos contienen una sustancia llamada solanina a la cual muchas personas son altamente sensibles, pero, en particular, las que sufren artritis. La solanina interfiere la acción de las enzimas en los músculos y puede ocasionar dolor y molestia.
  • Si usted utiliza ibuprofeno u otros medicamentos antiinflamatorias no esteroideos (AINES), evite el sodio (sal) porque produce retención de líquido. Divida las dosis de esos medicamentos en varias tomas a lo largo del día, tómeselos únicamente después de comer y utilice algún antiácido una hora después del medicamento. Pídale a su médico que le prescriba algún agente protector para tomar junto con los AINES, especialmente si usted tiene más de sesenta y cinco años o ha presentado sangrado gastrointestinal alguna vez.
  • No tome suplemento de hierro ni multivitaminas con hierro, pues se sospecha que este mineral está implicado en el dolor, el edema y la destrucción de las articulaciones. En cambio, consuma hierro con os alimentos como, por ejemplo, brócoli, coles de Bruselas, coliflor, pescado, y guisantes.
  • Para aliviar el dolor, pruebe las compresas de gel fría. Estas compresas se conservan fría durante bastante tiempo después de congelarlas. Colóquese una compresa en la articulación que esté inflamada. Alterne con calos local.
  • Los baños calientes ayudan a aliviar el dolor. También son muy beneficiosas las fricciones con limón. En la mañana, tome un baño o una ducha caliente para mitigar la rigidez que se experimenta a esas horas del día.
  • Tome regularmente un complejo de aminoácidos en estado libre para favorecer la reparación de los tejidos.
  • Verifique si tiene alergias alimentarías. Muchas personas que han sufrido de dolor en el cuello y los hombros se han mejorado tras eliminar de su dieta algunos alimentos.
  • Considere la posibilidad de hacerse un análisis del cabello para determinar los niveles de metales tóxicos en su organismo. Se ha encontrado que el nivel de plomo es mas alto de lo normal en algunas personas aquejadas por la artritis.
  • Pase ratos al aire libre para que respire aire freso y tome el sol. Tomar el sol promueve la síntesis de vitamina D., necesaria para la adecuada formación de los huesos.
  • Haga ejercicio regularmente y con moderación. El ejercicio es esencial para reducir el dolor de las articulaciones y retardar su deterioro. Las actividades que se realizan con regularidad y que no les imponen estrés a las articulaciones afectadas, sino que fortalecen los huesos, los músculos y los ligamentos adyacentes, son importantes para muchos tipos de artritis. Montar en bicicleta, caminar y hacer ejercicio dentro del agua son buenas alternativas. Evite los ejercicios de impacto y los que aprovechan el propio peso de la persona.
  • Si usted tiene sobrepeso, pierda los kilos que le sobran. El sobrepeso puede producir osteoartritis o agravarla.

Descripción

Artritis es la inflamación de una o más articulaciones. Se caracteriza por dolor, inflamación, anquilosamiento o rigidez, deformidad y/o limitación de los movimientos. Más de seis millones de personas en España sufren de osteoartritis, artritis reumatoidea, artrosis y enfermedades relacionadas, como fibromialgia, gota, lupus, enfermedad de Lyme, artritis psoriásica, síndrome de Reiter, síndrome de Sjögren y espondilitis anquilosante.

Esas enfermedades afectan a las articulaciones movibles, o sinoviales. El cuerpo humano tiene articulaciones en las rodillas, las muñecas, los codos, los dedos de las manos y de los pies, las caderas y los hombros. El cuello y la espalda también tienen articulaciones entre las  vértebras. Hay seis clases de articulaciones sinoviales, y aunque cada una de ellas permite un movimiento diferente, su estructura fisiológica es básicamente la misma: dos o más huesos movibles contiguos, cuyas superficies están cubiertas por una capa de cartílago rodeado por una cápsula de fluido formada por ligamentos (tejido duro y fibroso). El fluido es secretado por una delgada membrana, la membrana sinovial, que recubre el interior de la cápsula de la articulación. Gracias a este fluido viscoso y al cartílago suave, de textura parecida al caucho y de color blanco azuloso que cubre los extremos de los huesos, normalmente los huesos que se encuentran dentro de la articulación se deslizan suavemente unos sobre otros.

En las articulaciones sanas, la membrana sinovial es delgada, el cartílago que cubre los huesos es suave, y la superficie ósea está cubierta por una delgada capa de líquido sinovial. Por cuando algo no marcha correctamente, se puede desarrollar artritis. Esta enfermedad se puede presentar abruptamente o de manera gradual. Algunas personas experimentan un dolor agudo, quemante, agobiante. Otras afirman que lo que sienten es comparable a un dolor de muela. Al mover la articulación se siente dolor, aunque a veces solo se presenta anquilosamiento. La inflamación y la deformidad típicas de las articulaciones artríticas  pueden originarse en el engrosamiento de la membrana sinovial, en un aumento de la secreción del líquido sinovial, en el ensanchamiento de los huesos o en la combinación de algunos de estos factores. Aunque hay muchas clases de artritis, nos referimos a las más comunes: osteoartritis y artritis reumatoidea.

En la osteoartritis se presenta degeneración del cartílago que cubre los extremos de los huesos. Es una enfermedad degenerativa de las articulaciones cuya causa es una lesión o un defecto en la proteína de la cual está hecho el cartílago. La osteoartritis también se suele relacionar con el deterioro que conlleva el envejecimiento. La superficie del cartílago, que antes era suave, se endurece y produce fricción. El cartílago empieza entonces a deteriorarse, y las superficies de los huesos, que antes eran suave y permitían que los huesos se deslizaran suavemente, se llenan de hendiduras e irregularidades. Los tendones, ligamentos y músculos que sostienen la articulación se debilitan y la articulación se deforma, se vuelve rígida y duele. Usualmente hay algo de dolor, pero poca o ninguna inflamación.

Si la enfermedad produce algún tipo de incapacidad, no suele ser grave. Sin embargo, aumento el riesgo de fracturas porque la osteoartritis vuelve quebradizos los huesos. A medida que la enfermedad avanza tienden a desarrollarse crecimientos o abultamientos en los huesos, llamados osteofitos. Estos crecimientos, que se pueden detectar por medio de rayos X, se desarrollan cerca del cartílago degenerado en el cuello o en la parte baja de la espalda. Este problema no afecta a la apariencia del paciente.

A pesar de que la osteoartritis raras veces se presenta antes de los cuarenta años, afecta casi a todo el mundo después de los sesenta. Sin embargo, puede ser tan leve que pasa inadvertida hasta que una radiografía no revela su existencia. La osteoartritis es frecuente en algunas familias y afecta casi tres veces más a las mujeres que a los hombres.

La artritis reumatoide, y la artritis reumatoidea juvenil son dos clases de artritis inflamatorias. La primera es una enfermedad en la cual el organismo se ataca a sí mismo, pues el sistema inmunológico del organismo identifica erróneamente como elementos extraños a las membranas sinoviales que secretan el líquido lubricante de las articulaciones. Esto produce inflamación, y daño o destrucción del cartílago y el tejido que rodean las articulaciones. A menudo también se destruye la superficie de los huesos. El organismo reemplaza el tejido dañado por tejido cicatricial, lo que estrecha los espacios normales dentro de las articulaciones y hace que los huesos se fundan. La artritis reumatoidea produce anquilosamiento, inflamación, fatiga, anemia, pérdida de peso, fiebre y, con frecuencia, un dolor incapacitante.

La artritis reumatoide se presenta con frecuencia en personas menores de cuarenta años, incluyendo niños. En la actualidad, esta enfermedad aqueja a más de dos millones de estadounidenses, de los cuales dos terceras partes son mujeres. Esta enfermedad afecta seis veces más a las niñas que a los niños. El inicio de la artritis reumatoidea se suele asociar con estrés físico o emocional; sin embargo, también puede relacionarse con nutrición inadecuada o infección bacteriana. Reumatólogos han descubierto que la sangre de muchos pacientes de artritis reumatoidea contiene anticuerpos llamados factores reumatoides, un  hallazgo con importantes implicaciones para el diagnóstico de la enfermedad.

La osteoartritis afecta a las articulaciones individuales; la artritis reumatoidea, a todas las articulaciones sinoviales del cuerpo. Mientras que las articulaciones afectadas por la artritis reumatoidea tienden a producir un sonido parecido al del papel celofán al arrugarse, las articulaciones afectadas por la osteoartritis producen sonidos parecidos a impactos fuertes, chasquidos y crujidos.

La artritis también puede ser causada por infección  bacteriana, viral o fúngica de una articulación. Los microorganismos implicados con mas frecuencia en esta clase de dolencia, llamada artritis infecciosa, son los estreptococos, los estafilococos, los gonococos, los hemophilus o bacilos de la tuberculosis y los hongos como Candida albicans.

Lo que comúnmente ocurre es que el organismo productor de la infección se moviliza por el torrente sanguíneo desde una infección en cualquier otra parte del cuerpo hasta la articulación, aunque una lesión o una intervención quirúrgica también puede infectar las articulaciones. Entre los síntomas de la artritis infecciosa están enrojecimiento, inflamación, dolor y sensibilidad en la articulación afectada, casi siempre con síntomas sistémicos de infección, como fiebre, escalofrío y dolor en el cuerpo.

Las espondiloartropatias son un grupo de enfermedades reumáticas que afectan a la columna vertebral. La espondilitis anquilosante, es la más común de ellas. En esta enfermedad, algunas articulaciones de la columna vertebral se inflaman, se agarrotan, se vuelven rígidas y luego se funden. Si se limita a la parte inferior de la espalda, no restringe el movimiento. No obstante, en algunos casos toda la columna vertebral se vuelve rígida y se encorva. Si se afectan las articulaciones  ubicadas entre las costillas y la columna vertebral, se puede presentar dificultad respiratoria porque disminuye la capacidad expansiva de la pared del tórax. Las deformidades posturales no son raras en estos casos. La incidencia de esta enfermedad es dos veces y media más alta entre los hombres que entre las mujeres.

La gota, una forma aguda de artritis inflamatoria, es mas frecuente en personas con sobrepeso y/o que se exceden a menudo en el consumo de alcohol y alimentos enriquecidos. Esta enfermedad ataca generalmente las articulaciones más pequeñas de los pies y las manos, especialmente los dedos gordos de los pies. Depósitos de sales cristalizadas de ácido úrico en la articulación producen inflamación, enrojecimiento y sensación de calos y dolor severo. Aproximadamente un millón de estadounidenses sufren de gota. A diferencia de las demás clases de artritis, ésta afecta de una manera desproporcionada a los hombres: el 90 por ciento de las personas que sufren gota son hombres.