RECOMENDACIONES

  • Haga una dieta bien balanceada a base de alimentos naturales.
  • Incluya en su dieta mucha fibra. Buenas opciones para usted son los arroces integrales.
  • Evite el alcohol, el humo del cigarrillo, los alimentos procesados y las toxinas ambientales, especialmente metales como aluminio y mercurio.
  • Hágase un análisis de cabello para descartar la posibilidad de que sus síntomas se deban a intoxicación por metales pesados.
  • Hágase los exámenes necesarios para descartar alergias medioambientales y/o a los alimentos.

DESCRIPCIÓN

La enfermedad de Alzheimer es una clase común de demencia, o deterioro de las funciones intelectuales. En la actualidad más de cuatro millones de estadounidenses y unos cuatrocientos mil en España sufren de esta enfermedad, que aflige al 10 por ciento de todas las personas mayores de sesenta y cinco años, y al 50 por ciento de las personas mayores de ochenta y cinco años. La demencia es la cuarta causa de muerte entre la gente mayor de sesenta años, y la enfermedad de Alzheimer acaba con la vida de cien mil personas cada año en Estados Unidos. Sin embargo, la enfermedad de Alzheimer no afecta únicamente a la gente de edad avanzada; puede atacar a una persona de cuarenta años.

Esta enfermedad fue identificada en 1907 por el neurólogo alemán Alois Alzheimer. Se caracteriza por deterioro mental progresivo que llega hasta el punto de inferir el desempeño social y laboral del individuo. La memoria y el pensamiento abstracto sufren menoscabo. Entre los síntomas están depresión, desorientación en tiempo y espacio, imposibilidad de concentrarse o comunicarse, pérdida del control de la vejiga y el intestino perdida de la memoria, cambio de personalidad y oscilaciones intensas del estado de ánimo. La salud y el desempeño en las diversas áreas acusan un deterioro progresivo hasta que la persona queda totalmente incapacitada. La muerte suele presentarse entre cinco y diez años mas tarde.

Hoy en día se sabe que la enfermedad de Alzheimer -que antes era considerada un fenómeno psicológico- es una enfermedad degenerativa que se caracteriza por una serie de cambios fisiológicos en el cerebro. Las fibras nerviosas del hipocampo, el centro cerebral de la memoria, se enmarañan y la transmisión de la información hacia y desde el cerebro y deja de funcionar correctamente. Es imposible formar nuevos recuerdos, y los recuerdos anteriores ya no se pueden traer a la mente. Otra característica de la enfermedad es la acumulación en el cerebro de placas compuestos principalmente de una sustancia llamada betaamiloide, que contiene proteína. Los científicos creen que las placas se acumulan en las células nerviosas y las deterioran.

A mucha gente le preocupa que sus eventuales olvidos se deban a la enfermedad de Alzheimer. A casi todos se nos olvida de vez en cuando donde dejamos las llaves u otros objetos de uso cotidiano; sin embargo, esos olvidos no significan que tengamos una enfermedad. Un buen ejemplo de la diferencia entre el olvido y la demencia es el siguiente: olvidar donde pusimos las gafas es olvido; no recordar que utilizamos gafas puede ser señal de demencia.

Algunas enfermedades producen síntomas muy parecidos a los de la enfermedad de Alzheimer. La arteriosclerosis (endurecimiento de las arterias) puede producir demencia, pues corta gradualmente el suministro de sangre hacia el cerebro. La demencia también puede ser causada por muerte del tejido cerebral originada en derrames cerebrales repetidos y de poca gravedad, o por la presión que ejerce la acumulación de líquido en el cerebro. Otras condiciones que pueden producir síntomas parecidos a los de la demencia son la presencia de pequeños coágulos sanguíneos en los vasos que irrigan el cerebro, tumor cerebral, hipotiroidismo y sífilis avanzada. Además, la persona promedio de más de sesenta y cinco años toma entre ocho y diez medicamentos, contando los que se consiguen sin prescripción médica. Las reacciones a los medicamentos, junto con una dieta poco nutritiva, suele afectar adversamente a la gente no solo desde el punto de vista físico, sino también mental.

La causa o causas exactas de la enfermedad de Alzheimer no se conocen, pero algunas investigaciones han descubierto varias claves interesantes, muchas de las cuales tiene que ver con deficiencias nutricionales. Por ejemplo, el organismo de quines sufren de esta enfermedad tiene a presentar niveles bajos de vitamina B12 y cinc. Las vitaminas B son importantes para el funcionamiento cognoscitivo, y un hecho bastante conocido es que los alimentos procesados que tanto abundan eh la dieta moderna son despojados de estos nutrientes esenciales. El desarrollo de las neurofibrillas y de las placas amiloides en el cerebro, que son características de la enfermedad de Alzheimer, se han asociado con deficiencia de cinc. La malabsorción de los nutrientes, un problema frecuente entre las personas de edad avanzada, las vuelve propensas a otras deficiencias nutricionales, y el alcohol y muchas drogas contribuyen a agotar a un mas las vitaminas y los minerales del organismo.

Tanto el nivel de los carotenoides (incluyendo el betacaroteno) como el de las vitaminas antioxidantes A y E son bajos en los pacientes de la enfermedad de Alzheimer. Estos nutrientes actúan como neutralizadores de los radicales libres y, por tanto, su deficiencia aumenta el daño que sufren las células cerebrales a causa de la oxidación. Aparte de esto, se han encontrado deficiencias de boro, potasio y selenio en la gente que sufre de esta enfermedad.

Investigaciones también han mostrado que existe una relación entre la enfermedad de Alzheimer y concentraciones elevadas de aluminio en el cerebro. Autopsias de personas que murieron de esta enfermedad revelan cantidades excesivas de aluminio en el hipocampo y en la corteza cerebral, la capa externa de materia gris encargada de las funciones cerebrales superiores. Parece que la exposición excesiva al aluminio, en particular cuando se combina con falta de vitaminas y minerales esenciales, predispone directa o indirectamente al individuo a contraer la enfermedad de Alzheimer.

El aluminio no es el único metal que se ha asociado con la enfermedad de Alzheimer. En el cerebro de pacientes de esta enfermedad se han hallado concentraciones más altas de lo normal de mercurio, un metal tóxico. El mercurio que se desprende de las amalgamas dentales es el principal medio de exposición de la mayoría de la gente a este metal, y se ha encontrado una correlación directa entre la cantidad de mercurio inorgánico en el cerebro y la cantidad de amalgamas en la dentadura. El mercurio de las amalgamas dentales pasa a los tejidos del organismo, donde se acumula después de un tiempo. No se puede descartar la posibilidad de que la exposición al mercurio, especialmente al de las amalgamas dentales, sea uno de los factores que más contribuyen a la enfermedad de Alzheimer.

Muchos investigadores creen que el betaamiloide desempeña un papel clave en el deterioro total de la memoria que es característico de la enfermedad de Alzheimer. Esta sustancia no se encuentra únicamente en el cerebro; se produce en prácticamente todas las células del organismo como resultado de la degeneración del tejido. Aunque el amiloide no es altamente tóxico, es posible que precipite la demencia cuando se acumula en el cerebro en cantidades muy elevadas.

Otro posible culpable de la muerte de las células cerebrales es el sistema inmunológico. Muchas enfermedades se deben al mal funcionamiento del sistema inmunológico, que hace que el organismo ataque sus propios tejidos. Cerca de las placas y de las neurofibrillas cerebrales de personas que han muerto por la enfermedad de Alzheimer se han encontrado poderosas proteínas del sistema inmunológico, llamadas proteínas complementarias. Se sabe que en los animales las lesiones cerebrales alteran las “instrucciones” genéticas para dos clases de proteínas complementarias. Algunos expertos han formulado la teoría de que las proteínas complementarias normalmente ayudan a retirar las células muertas, pero que en la enfermedad de Alzheimer esas proteínas atacan a las células sanas, lo que deriva en una degeneración celular que propicia la acumulación de amiloide. Hay razones para creer que la presencia de amiloide podría precipitar la liberación de una gran cantidad de proteínas complementarias, originando un círculo vicioso de inflamación y aumento de los depósitos de placa. Sin embargo, es posible que el ataque del sistema inmunológico a las células cerebrales no sea la causa de la enfermedad de Alzheimer sino, más bien, un resultado de ella o, sencillamente, uno de los elementos de la enfermedad.

A pesar de que todos estos hallazgos permiten esperar que algún día la enfermedad de Alzheimer será comprendida en toda su complejidad y que, por tanto, se podrá prevenir, la ciencia todavía no sabe como detener el deterioro mental que caracteriza la enfermedad. Incluso el diagnóstico es difícil. Aunque algunos exámenes pueden sugerir que el diagnóstico correcto es enfermedad de Alzheimer, y hasta pueden descartar otras enfermedades como causa de los síntomas, actualmente no existe ningún examen de laboratorio ni ningún marcador bioquímico que permita confirmar definitivamente la enfermedad en una persona viva. Como la demencia puede ser síntoma de muchas enfermedades, la enfermedad de Alzheimer se suele diagnosticar solo cuando todas las demás posibilidades han sido descartadas.