Recomendaciones

  • El 80 por ciento de su dieta debe consistir en cereales y debe incluir judías, pan, arroz integral, lentejas, macarrones, nueces, salsa de soja y cereales de grano entero. El 20 por ciento restante debe incluir frutas y verduras frescas, así como pescado, pollo, huevos y queso natural.
  • No utilice antiácidos ni suplementos minerales, excepto los que se mencionan atrás y solo durante dos semanas.
  • Evite el sodio.
  • Durante dos semanas no ingiera dosis altas de vitaminas y minerales.
  • Controle el pH de su orina todos los días utilizando papel tornasol. (Farmacias).

Descripción

La alcalosis es lo contrario de la acidosis, es decir, cuando hay alcalosis el cuerpo es demasiado alcalino. Este trastorno es menos común que la acidosis y produce sobreexcitabilidad del sistema nervioso. Los nervios periféricos son los que primero se afectan. Este trastorno puede manifestarse con síntomas  como nerviosismo extremo, hiperventilación e, incluso. Convulsiones. Otros síntomas son dolores musculares crujidos en las articulaciones, bursitis, somnolencia, ojos saltones, hipertensión, hipotermia, edema, alergias, calambres nocturnos, asma, indigestión crónica, tos nocturna, vómito, sangre espesa y coagulación sanguínea demasiado rápida, problemas menstruales, deposiciones duras y secas, prostatitis, y engrosamiento de la piel con sensación de ardor y prurito. La alcalosis puede producir acumulación de calcio en el organismo, situación que puede derivar, por ejemplo, en espolones óseos.

La acidez y la alcalinidad se cuantifican de acuerdo con la escala del pH o potencial de hidrógeno. Cuando el pH del agua es 7.0, se considera neutra, en otras palabras, ni ácida ni alcalina. Cualquier sustancia cuyo pH sea superior a 7.0 es alcalina, mientras que cualquiera cuyo pH sea inferior a 7.0 es ácida. El pH ideal para el cuerpo humano es entre 6.0 y 6.8 (el cuerpo humano es ligeramente ácido por naturaleza). Valores superiores a 6.8 se consideran alcalinos y valores inferiores a 6.3 ácidos.

La alcalosis suele presentarse como resultado del consumo excesivo de medicamentos alcalinos, como bicarbonato de sodio, que se utiliza para tratar la gastritis o las úlceras pépticas. También puede deberse a un exceso de vómito, colesterol alto, desequilibrios endocrinos, dieta inadecuada, diarrea y osteoartritis.